• F. Esteban Llanos Reyes

DESCENTRALIZAR EL PENSAMIENTO

por: F. Esteban Llanos Reyes



Qué duda cabe, que como país vivimos un proceso histórico en el cual tenemos hoy la gran posibilidad de cambiar el tipo de relaciones y normas de convivencia de nuestra comunidad nacional las cuales fueron impuestas en forma centralista desde los orígenes de la República por una élite selecta y minoritaria que, más que resguardar los derechos de todos sus habitantes y promover su desarrollo en igualdad de condiciones, priorizaba mantener el statu quo de un sector privilegiado de la sociedad a través de una legalidad impuesta en resguardo de los intereses de los más poderosos materializada, por ejemplo, en la Constitución de la República.


Este momento, en que un grupo de delegados constituyentes elegidos por la propia ciudadanía se encuentra elaborando una propuesta para una nueva carta fundamental, debe permitir darnos el tiempo para analizar, discutir y acordar que camino debemos tomar y que reglas guiarán nuestro andar. Nadie sobra y nadie puede ser marginado en este debate si queremos construir una sociedad, con igualdad de género, intercultural, diversidad étnica, justicia social, tolerancia política-religiosa y representatividad territorial, entre otros aspectos relevantes.


Un Chile moderno y justo debe ser capaz de resguardar, por sobre todas las cosas, la dignidad humana y respetar su entorno natural, para ello, es necesario fortalecer profundamente su democracia, una democracia real, donde la participación ciudadana disponga de los mecanismos adecuados y oportunos, no sólo para escuchar los distintos planteamientos de la ciudadanía frente a hechos puntuales, sino también ante visiones comunes de cómo nos vemos como país en un futuro cercano, con carácter vinculante y resolutivo.


Para que todas nuestras opiniones y decisiones tengan el respaldo correspondiente, éstas no pueden quedar expuestas al olvido, marginación o postergación, en el archivo de algún burócrata, en el escritorio de un funcionario servil o en el papelero de grupos de poder que ven en este proceso una amenaza a sus intereses particulares y mezquinos.

Durante muchos años ha existido una lucha permanente contra un poder fáctico que ronda en las penumbras de edificios Toesca, detrás de sillones y corbatas, que basa su influencia en las facilidades que le otorga un presidencialismo exacerbado y un poder político y económico altamente centralizado, que en gran medida a permeado todas las instituciones del país, provocando al mismo tiempo su descrédito y desconfianza.


Las nuevas reglas de convivencia tendrán el desafío de llegar a cada rincón del país, donde cada ciudadano tenga la posibilidad de participar realmente en el desarrollo político, social y económico, teniendo como base de su acción la localidad, la comuna y la región. En este sentido algo se ha avanzado con la elección de los nuevos Gobernadores Regionales, pero esto no tendrá ningún sentido si nuestra manera de pensar y su práctica sigue siendo centralista.


Una Región que no pueda manejar autónomamente su presupuesto, total o parcial, o que tenga que consultar permanentemente al Gobierno Central sobre determinadas iniciativas, políticas o programas, será un puma sin dientes. Si los Partidos Políticos no son capaces de tomar decisiones en y para su Región, entonces no representaran genuinamente el sentir de la comunidad local y demostrará lo pesada que son sus vestimentas atávicas que la anclan al pasado obsecuente y centralista del Mapocho. Si las instituciones altamente valoradas como lo son las Universidades de la región no exigen el respaldo que se merecen para potenciar, por ejemplo, sus áreas de arte, medicina, ciencia y tecnología que impulse seriamente el desarrollo sustentable, humano y competitivo, la Región renunciarían a asumir su papel de liderazgo en la generación de conocimientos y con ello al desarrollo libre de su espíritu.


No es suficiente imprimir el sello de la descentralización si nuestro pensar y actuar siguen siendo consciente o inconscientemente centralista. Descentralizar conlleva la responsabilidad de hacerse responsable por sus propias decisiones y reclamar las condiciones que por justicia le corresponden. Significa trabajar en conjunto con cada una de sus comunidades, escucharlas en sus demandas y trabajar colaborativamente para satisfacerlas. Significa imponer un nuevo paradigma de desarrollo basado en la capacidad de una comunidad regional que debe aspirar a ser políticamente autónoma, económicamente autosustentable, administrativamente eficiente, socialmente justa, humanamente digna y generosa.


Descentralizar no puede entenderse sólo como un mero acto administrativo, sino más bien a la convicción de que todo crecimiento o mejora en las condiciones de vida y desarrollo de una comunidad pasan por el convencimiento de que tiene las capacidades para salir adelante tomando sus propias decisiones y que no depende exclusivamente de un poder central. No es sinónimo de dividir, sino más bien de compartir. Compartir el poder, o una parte de él, es un gesto de confianza en el otro, en sus capacidades políticas y compromiso con el bien común. Es creer en la sinergia ciudadana, en el convencimiento que la construcción de una mejor sociedad se hace con el aporte de todos, con su diversidad de ideas, creencias, cosmovisión, y cultura. Es desprenderse del aire viciado monárquico saturado de obediencia absoluta, para incorporar aire fresco democrático rico en libertades y responsabilidades.

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