• F. Esteban Llanos Reyes

EL DERECHO DE VIVIR EN PAZ



por: Esteban Llanos Reyes


El 6 y 9 de agosto de 2021 se cumplen 76 años del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaky por parte de Estados Unidos con la finalidad de dar término a la guerra que sostenía con Japón.

Se considera que en este acto de guerra murieron alrededor de doscientos mil civiles. Japón capituló días después, el 2 de septiembre de 1945.

Aún se mantiene la discusión si esto es considerado un acto genocida, crimen de guerra o crimen de lesa humanidad. Si así fuere, ¿porqué no se juzgó? Como dicen algunos, porque quien cometió tal atrocidad ganó la guerra.

En este caso muy especial, pero no el único, tienen gran responsabilidad los científicos que participaron en la confección de tal arma de destrucción masiva, aún en contra de sus propios principios.


La ciencia tiene que ver con el conocimiento obtenido a partir de la observación de la naturaleza con la finalidad de mejorar la vida humana. ¿Cómo se explica entonces su uso para fines totalmente contrarios?

Algunos se lo explican con la naturaleza autodestructiva de la propia humanidad. Otros por el uso de unos pocos que ven en estos nuevos conocimientos en el ámbito de la salud, tecnología, economía, por ejemplo, una forma de dominación de unos sobre otros.


Con el lanzamiento de la bomba atómica, nunca la humanidad sentía que tenía la capacidad de autodestruirse, lo que no era algo nuevo, pero sí lo era la velocidad en que esto podría ocurrir. Al parecer nuestro problema radica en el punto de observación o referencia que tenemos de estos fenómenos, lo que por supuesto no es nada fácil de concebir, por lo menos para la persona promedio. Distinto es para un selecto sector de la sociedad mundial que considera que este camino de exterminio no los alcanzará o porque son los dueños de las bombas, de los antídotos o simplemente del conocimiento avanzado para someter a los demás.


Cuando Darwin hablaba de la “selección natural” se refería a un proceso evolutivo que explicaba porqué algunas especies se mantenían existentes a nuestros días y porque otras simplemente se extinguieron. Algunos entendieron, y quisieron entender, que esta selección entregaba a unos pocos “elegidos” el poder y privilegio a perpetuarse ellos y sus castas en el tiempo, por sobre el derecho a la existencia de la gran mayoría indefensa y no merecedora del don de la vida, su adaptación era el sometimiento al poder establecido.

Guerras, hambrunas, desastres, contaminación, crisis económicas, han sido la tónica en la historia de la humanidad. No sólo produjeron pobreza y exterminio de pueblos enteros, también provocaron cambios ambientales con extinción y pérdida de numerosas especies animales y vegetales, al que a este sector social “privilegiado e intocable” pareciera no importar, es más, pareciera ufanarse de lo mismo.

Los poderoso de los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, como se maneja en la jerga del actual orden mundial, tratan de replicar perversamente este modelo compitiendo entre ellos para ser invitado y pertenecer a este selecto grupo social a costa de pisotear y vulnerar el legítimo derecho a la existencia de los demás. Para ello se establecen acuerdo y tratados, públicos y secretos, que promuevan y protejan la economía global,… su propia economía.

En sus inicios era la conquista de lo terrenal, lo contenido en este planeta, hoy se extiende a la carrera por el espacio sideral que incluye lunas y otros cuerpos planetarios, pero también lo es la posesión y dominio de lo virtual, por ejemplo internet, esto último con alcances insospechados en la vida de los millones de seres humanos que aún habitamos esta roca azul.


Al conmemorarse un año más de la triste y lamentable acción de guerra que terminó con la vida de cientos de miles de civiles, hombres, mujeres y niños con la detonación de la bomba atómica en Hirsohima y Nagasaky, debiera sensibilizarnos y movilizarnos para que el nuevo conocimiento científico y el altruismo guíe a la humanidad, como bien lo representara Maria Sklodowska, científica polaca, que al descubrir dos elementos químicos nuevos para la ciencia como el radio y el polonio a principios de siglo XX, que finalmente provocaron su muerte un 4 de julio de 1934 debido a su exposición a estos mismos elementos radiactivos, paradojalmente permitió la aplicación de estos en las nuevas tecnologías médicas que salvarían miles de vidas en el futuro debido fundamentalmente a que ella decidiera no patentar el proceso de aislamiento del radio, dejando el acceso absoluto de este descubrimiento a todo el mundo científico. No estuvo en ella el afán de ganar dinero, ni medallas ni privilegios, ni poder, sino el de hacer un aporte desinteresado a la humanidad.


Que diferencia abismante encontramos hoy cuando todo avance científico va acompañado de los cálculos económicos y cuotas de poder. La pandemia que vivimos expresa de buena forma como, por ejemplo, una vacuna puede significar la vida o la muerte no sólo de una persona sino de pueblos y naciones enteras, dependiendo de la cantidad de dinero que se posee para adquirirla y sobrevivir. A lo mejor, quién sabe, una nueva María Sklodowska, que nos podría aportar nuevos descubrimientos científicos podría salvarse en América, Africa u otro lugar del mundo si no primara el oportunismo y fin de lucro de unas pocas y codiciosas corporaciones multinacionales que siguen comerciando y jugando con la vida y la salud de millones de personas que sólo apelan al básico derecho de vivir en paz.

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