• María Gloria Flores Peñailillo

Escuela Eduardo Campbell Saavedra, patrimonio cultural de Cerro Verde Bajo – Penco.

por : MARÍA GLORIA FLORES PEÑAILILLO



Allá, por la primera mitad del siglo pasado, en las estribaciones de la cordillera de la Costa que da al Pacífico, precisamente en el entonces villorrio de Cerro Verde Bajo, la pujanza y fuerza de pescadores y mineros venidos desde el interior se puso de manifiesto en una gesta sin precedentes protagonizada por un puñado de personas que allí se establecieron en la búsqueda del esquivo diario vivir junto a sus familias. Su más notable hazaña fue motivada por el anhelo de buscar educación para sus hijos/as en ese lugar separado de Penco por el mar y solo unido por la línea férrea que ya existía por aquel entonces. .En la persecución de este anhelo fueron apoyados por un épico personaje, el profesor Eduardo Campbell Saavedra quien, se entregó por entero al logro de dicha proeza en compañía de los vecinos del sector.


Según documento escrito por el propio profesor Campbell en 1969, con motivo de cumplirse los 25 años de la Escuela N° 54 de Cerro Verde Bajo, “El día 4 de septiembre de 1944 comienza a funcionar la Escuela dictando las clases en una pieza de 4 por 5,5 mts, con piso de ladrillo, una puerta, una ventana con barrotes y no se contaba con un patio donde jugaran los niños…los recreos se hacían en una cancha de foot-ball cercana a la escuela…las clases se iniciaron con un total de 47 alumnos, 35 niños y 12 niñas, una mesa, 5 sillas prestadas por la dueña de la pieza…un comerciante aportó con algunos cajones azucareros para que se sentaras los niños…los días lunes un comerciante facilitaba la bandera chilena y un pescador facilitaba un palo machero que servía de asta, se izaba la bandera y los niños cantaban la canción nacional que era escuchada respetuosamente por sus padres, las recitaciones de los niños y el discurso del director. Todo este acto se hacía en la calle”.


Tales fueron los precarios y humildes comienzos de esta emblemática escuela de Cerro Verde Bajo, siendo la única que existía en todo el ámbito aquel y que llegó a iluminar con el faro del conocimiento a una comunidad de pobladores identificados con su terruño, sedientos de saber y de orientar sus pasos hacia un mejor futuro para sus hijos.

Para poner en contexto y dimensionar la grandeza del logro de tal hazaña es menester retrotraernos a los orígenes de la mina de carbón ubicada en ese sector, conocer quién era Eduardo Campbell Saavedra y de donde provenía.


Su padre fue Alejandro Campbell Mak-Gregor, ingeniero inglés, que durante la Guerra del Pacífico (1879-1883), se desempeñaba como piloto de nave de cabotaje en la que trasladaba pertrechos y tropas desde Valparaíso a la zona de guerra en el norte. En cuanto a la mina, conocido es que desde la época de la Colonia en las costas de Penco existía carbón de piedra como señala Amadeo Frezier en su libro “Viaje por el Mar de Sur” (1712). En Cerro Verde existían dos piques de carbón.


A poco de finalizar la guerra, compró las minas el Mariscal alemán Augusto Kayser, el que para dotarlas de mayor tecnología contrata a Alejandro Campbell Mak-Gregor, que llega en su goleta a Cerro Verde Bajo y se encarga de construir la sala de máquinas de la mina con todo lo requerido para su mejor funcionamiento. Por esos años se conoce con don Nelson Saavedra, padre de Eufrasia Saavedra, quien sería con posterioridad su esposa .


En 1910, por el auge del carbón de Lota y Coronel, se produjo una grave crisis económica y social en la mina de Cerro Verde, no pudiendo Kayser pagar el sueldo a los mineros, quienes después de muchas vicisitudes quedaron sin trabajo y empobrecidos, debiendo emigrar a otras zonas o dedicarse a la pesca en ese lugar. En 1916, Alejandro Campbell Mak Gregor emprendió un viaje al sur de Chile, pero en el trayecto zozobra su barco, desapareciendo junto con su tripulación. Del matrimonio entre don Alejandro Campbell Mak Gregor y doña Eufrasia Saavedra nacieron 5 hijos, siendo uno de ellos don Eduardo Campbell Saavedra (1908) oriundo de Cero Verde, quien con el pasar de los años se fue a trabajar como profesor a Caimanes, provincia de Coquimbo, desde donde viajó de vacaciones a su “Villorrio”, encontrándose con los vecinos del lugar organizados, ya que veían como única forma de procurar mejores condiciones de vida para sus hijos el dotarlos de educación, la que les era tan esquiva como distante al tener los niños que caminar diariamente a Penco por la línea férrea, sin zapatos, por entre lodazales con las inclemencias del tiempo propias de la zona la mayor parte del año, ya que no existía camino.

Fue una dura lucha la que dieron los pobladores de Cerro Verde para lograr una escuela para la comunidad. Corría el verano de 1940, durante las vacaciones de Campbell en el “Villorrio”, cuando el Presidente Pedro Aguirre Cerda en una de sus giras a la zona del carbón, detuvo el tren presidencial en Cerro Verde, oportunidad propicia para que los dirigentes del recientemente formado “Comité pro-fundación de una escuela” quienes, ya habiendo gestionado oficios a Concepción y Santiago sin ninguna respuesta, ahora encabezados por Eduardo Campbell presentaran la solicitud directamente al mandatario que se comprometió a atender tan justa demanda. El presidente lamentablemente falleció el 25 de noviembre de 1941 viéndose nuevamente truncadas las aspiraciones del poblado, ya que no se dio curso a la solicitud presentada a la autoridad presidencial. En 1944 Campbell realiza directamente gestiones en Santiago para la creación de la escuela. Mientras continuaba trabajando en el norte, su madre la Sra. Eufrasia Saavedra viuda de Campbell presidía en Cerro Verde el “Comité pro-fundación de una escuela”, desde ese cargo tramitó la documentación, recibiendo al fin del Ministro de Educación Don Benjamín Claro Velasco, el decreto 3822 del 6 de julio de 1944 que creaba la Escuela de Cerro Verde, nombrando como director a Don Eduardo Campbell Saavedra, el que después de los tramites de rigor da vida a la Escuela del Villorrio un día 4 de septiembre en las condiciones anteriormente descritas. Fue tanta la demanda de matrícula que no se alcanzaba a dar cobertura, así con el empuje que les infundía Campbell buscaron donde construir la escuela con sus propias manos, encontrando un terreno abandonado donde había una boca-mina, se organizaron y allí con el aporte voluntario de 5 ladrillos por vecino del sector comenzaron la obra de albañilería para la escuela. Los padres salían de sus trabajos y llegaban a construir con ayuda de los alumnos mayores. Al saber de este enorme esfuerzo algunos comerciantes, pescadores y sindicatos de las fábricas de Penco realizaron variados aportes, a lo que se sumó también la Municipalidad. En los recreos cooperaban con el trabajo de albañilería y carpintería los alumnos y el director. Era toda la comunidad involucrada en el logro de sus aspiraciones colectivas, denotando sentido de pertenencia y arraigo al lugar donde desarrollaban sus vidas. En octubre de 1946 se trasladaron al nuevo local educativo conservando en su patio la boca-mina, lo que lo hizo tan singular en aquella época como en la actualidad; organizaron la biblioteca y botiquín de la escuela que estaban al servicio de toda la población. En ese año llegó la electricidad por lo que al terminar los alumnos sus clases, los pobladores acudían a la escuela a leer y escuchar música en una victrola, permaneciendo abierta a diario hasta las 10 de la noche incluidos domingos y festivos. Allí dominaba un sentido social, de comunidad, la escuela era de todos y para todos, sus frutos estaban a la vista. Todos amaban, respetaban y admiraban a su escuela y al hombre que los alentó y que hombro a hombro junto con ellos la levantó de la nada. En 1947 se organizó la escuela nocturna, atendida ad honorem por su director, allí asistieron comerciantes, obreros y dueñas de casa a recibir la educación básica durante un período de 9 años. La escuela cambió ciertos hábitos de la población, incluso inculcó el ahorro entre sus alumnos, fue una de los 5 escuelas del país que tuvo el 100% de su alumnado con una cuenta de ahorro escolar en la Caja de Ahorros, lo que les mereció un premio de $ 5.000 con el que compraron un piano de ocasión, siendo el primer piano existente en Cerro Verde, denotando con esta adquisición el selecto espíritu de su director en favor de la niñez. Ese mismo año fue galardonado por la Municipalidad de Penco con el premio al mejor maestro, que le fue otorgado en tres oportunidades más.


En ese año se promulga la “Ley Maldita” bajo el gobierno del presidente Gabriel Gonzales Videla, en noviembre de ese año el Director Campbell, fue detenido, llevado al Retén de Lirquen y trasladado al fuerte de Punta de Parra a 7 km. del Villorrio, al saberse la noticia todos los alumnos con sus padres caminaron hasta el fuerte a pedir su libertad, los niños frente a los muros del fuerte entonaron un “Hosanna” en latín, diligentemente enseñado por el propio profesor Campbell en su escuela, lo que emocionó tanto a detenidos como a militares de la Armada. A raíz de este hecho levantáronse voces en toda la comuna, sin distingos políticos ni religiosos, hasta lograr su libertad. La escuela había sido ocupada por un batallón del regimiento Silva Renard de Concepción, pese a ello la escuela no dejó de funcionar instalándose en la pieza arrendada en 1944 y en la casa del director. “En 1948 se fueron los militares y tuvimos el dolor de encontrar el piano semi destruido, con las cuerdas cortadas y las teclas sin el marfil” (Campbell E.1969).


En 1950 El Ministerio de Educación autorizó al pintor muralista, profesor Osvaldo Loyola para que pintara un mural en la galería de la escuela, para lo cual el sindicato industrial Fanaloza obsequió pintura y estuco. El mural medía 3 mts. de alto por 17 mts. de largo, en él se representaba motivos marinos, mineros y personajes de la comunidad, obra pictórica ampliamente elogiada por revistas y diarios de Santiago. Fueron tiempos de esplendor cultural, la escuela se destacaba en diferentes ámbitos con la guía de su director, coros, revistas de gimnasia, desfiles ante la comunidad pencóna que veía con asombro y admiración como la escuela surgía a pasos agigantados desde ese apartado barrio de Penco con un sello identitario propio de expresión comunitaria y solidaria. Ejemplo de esto es la atención que proporcionaba la escuela en la persona de Campbell a los niños hospitalizados en Penco derivados a reposo desde el hospital de Concepción, dicha atención de la Escuela de Cerro Verde permaneció durante 14 años. En 1951 la escuela fue visitada por el Cardenal José María Caro Rodríguez, conservándose en ella un pergamino con su firma. Los terremotos del 21 y 22 de mayo de 1960 destruyeron casi la totalidad de la escuela incluido el extraordinario mural realizado por Loyola, siendo la segunda obra de tal envergadura construida en una escuela en Chile, luego de Chillan.

Después del terremoto se reconstruyen salas de madera con la colaboración del Rotary Club de Concepción y de Penco, además de la cooperación de establecimientos educacionales de Estados Unidos, Colombia, México, Venezuela, Ecuador. Fueron profesores ex alumnos del Centro Latinoamericano dependiente de la Universidad de Chile, quienes conocían la labor educacional de la Escuela N° 54 de Cerro Verde Bajo, la que había trascendido más allá de lo imaginado, al ponerse de manifiesto en el imaginario colectivo de toda una comunidad la impronta imperecedera de tesón, esfuerzo y solidaridad legada por su fundador hasta el día de hoy, legado que trasciende más allá de la educación formal haciéndose eco de las auténticas necesidades de su entorno como lo hacía en su tiempo su fundador, conocido por ello como el Patriarca de Cerro Verde, ya que se ocupaba de todos los aspectos de la vida cotidiana de los pobladores, incluso del acompañamiento a los funerales de cada vecino del Villorrio, despidiéndolo en el cementerio con sus alocuciones de profundo sentido y sensibilidad humana. Conocía a todos los vecinos del Villorrio y trataba de darle solución a sus problemas. Ayudaba a los más desposeídos a superar sus contratiempos, fue la voz de los sin voz, golpeó puertas y clamó por ayuda para los menos afortunados, era un hombre apasionado por la causa de los más pobres. Su solidaridad no tenía limites, lo daba todo a cambio de nada, según afirman los que lo conocieron. Así recuerdan un gesto épico del profesor Campbell cuando un joven pescador, Pedro Cerda, ex alumno de la escuela, perdió sus piernas al paso del tren, El Patriarca de Cerro Verde realizó un viaje a pie a Santiago para lograr conseguir piernas ortopédicas para el joven, hecho que tuvo amplia difusión en los diarios de la época, siendo la revista VEA, de circulación nacional, quien colaboró con esta cruzada e informó que, llegando finalmente a Santiago, la meta de Campbell fue hecha realidad. En 1962 fallece trágicamente a los 26 años el maestro de la escuela José Chesta Aranguiz, cuando se proyectaba como un gran dramaturgo por la calidad de sus obras, Chesta se inició en este señero establecimiento educativo e inspirado en la vida del Villorrio escribió su primera obra teatral: “ Las Redes del Mar”, estrenada en el teatro de la Universidad de Concepción a los 23 años. Una sala de la Escuela lleva su nombre. Fueron años de grandes logros educacionales y culturales que elevaron la autoestima de la población de Cerro Verde, como también fueron años de enfrentamientos a grandes desafíos y adversidades que fortalecieron el temple de la comunidad educativa integrante de esta legendaria y aguerrida escuela.


En 1973 a causa del golpe de Estado cívico-militar fue apresado, destituido del cargo de director de la Escuela que lleva su nombre; física, emocional y moralmente vulnerado, casi ciego y con dificultades para poder caminar; incapaz de vivir en su casa contigua a la Escuela donde se entregó por entero y de la que fue defenestrado, se refugió en la soledad, más aun cuando en 1974 fallece su hijo mayor, acentuándose con ello su estado de intensa depresión al extremo de que, según datos de la familia y de quienes lo conocieron, se iba a dormir a la bóveda familiar en el cementerio parroquial de Penco.


Es frecuente, casi una constante histórica, que las personas que se entregan a nobles causas en beneficio de los más desposeídos, en persecución de sus ideales en bien de la humanidad, tienen un triste derrotero y terminan sus días mancillados y en deplorables condiciones, siendo recordados muchas veces como héroes o seres excepcionales. Es la contradicción de la existencia del ser humano que va contra todo pensamiento lógico provisto de racionalidad y cuya explicación debemos buscarla desde la filosofía, psicología, economía y demás ciencias sociales para, desde un espectro de conocimientos interdisciplinarios, poder restablecer en el tejido social la transparencia colectiva, en un mundo cuya diversificación hace que los actores no sepan lo que producen (con sus actos) en el inconsciente colectivo de una sociedad determinada.

En los años posteriores la Escuela continuó atendiendo a los niños y niñas del sector desarrollando las labores educativas pertinentes y poco a poco fue retomando algunas actividades extraescolares .En 1996 por Resolución n° 520 la escuela pasa a denominarse Escuela Alonso de Ribera E 592- Cerro Verde Bajo.


En 1997 se inicia, a cargo del MINEDUC la construcción del nuevo edificio escolar de tres pisos sobre la sala de máquinas de la mina de carbón, la que por ser de tan férrea construcción se les hizo imposible remover, los trabajos duraron tres años y se inauguró en el año 2.000, contando con tres pabellones, salas de clases, oficinas, biblioteca, comedor, baños, duchas con agua caliente, cocina, sala de profesores y otras dependencias.


Quedó troquelada a fuego en la memoria colectiva de Cerro Verde Bajo la obra educativa y comunitaria de Eduardo Campbell Saavedra como docente y director de la antigua escuela N°54 que funcionaba donde se levantó el nuevo edificio. Cuando los vecinos supieron que la nueva escuela se llamaría Alonso de Ribera, se organizaron en Juntas de Vecinos, organizaciones deportivas y de pescadores artesanales. Reunieron información para argumentar al Alcalde su voluntad de volver a denominarla Eduardo Campbell Saavedra, lo que quedó aprobado sin objeciones por el Concejo Municipal de Penco y posteriormente por el Ministerio de Educación. El día de la inauguración los pobladores no fueron invitados, ellos considerando que no podían estar ausentes en este acto de su histórica escuela, se hicieron presente en masa, haciendo ver su malestar a las autoridades por ser excluidos de un acto que les era tan significativo a causa del legado que dejó impregnado en ellos el profesor Campbell : La Escuela les pertenecía a todos, a toda la comunidad de Cerro Verde. A raíz de lo cual las autoridades regionales se retiraron y el alcalde Ramón Fuentealba, sopesando la situación, decidió realizar el acto con las autoridades locales en unión con los vecinos que reclamaron su lugar en este solemne acto. Con el transcurrir del tiempo la escuela fue ganando proyectos artísticos, culturales, tecnológicos y científicos en alianza con universidades y otras instituciones de amplio prestigio, participando tanto a nivel comunal, intercomunal, provincial y nacional, llegando a obtener distinciones por su calidad, siempre apoyados por el equipo docente y directivo del establecimiento, además de todos quienes integraban la comunidad educativa.


En la actualidad, con la dirección del Sr. Cristian Villagra Giannelloni han habido fructíferos cambios que retroalimentan lo ya logrado y potencian una efectiva sinergia en sus equipos de trabajo, como es el caso del laboratorio de computación, la creación de la página web de la escuela, el taller de ciencias: ”Entreteciencias”, actual funcionamiento de la Radio escolar “El Faro”. Se han enfatizado los aspectos artísticos, culturales, derechos humanos y patrimonio al relievar su pasado minero, sus vestigios existentes en el lugar, la boca-mina de antaño, llegando a considerarse la escuela en su conjunto como un lugar de patrimonio cultural que debe ser protegido como tal por tratarse en este caso del fruto de un proceso social constante de construcción de significados y sentidos de una cultura actual que contextualiza y valora dichas huellas y testimonios del pasado.


Son múltiples y variados los logros obtenidos por aquella escuela que inició sus actividades hace 77 años aquel 4 de septiembre de 1944 ( desde 2020 se celebra el 4 de octubre) en tan precarias condiciones, pero con un corazón pleno de nobles sentimientos, fuerza, coraje y tesón, haciendo que lo imposible fuera posible, llegando a conseguir perfilarse como un emblemático tesoro de Cerro Verde Bajo, a partir de la impronta que supo imprimir en todos ellos el profesor Campbell con su accionar, llegando a ser lo que es, una escuela impregnada en el sentir de los habitantes del sector, que ha desarrollado lazos indelebles de pertenencia, solidaridad y de colaboración entre ellos y su entorno.

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