• ANTONIO ZELADA E

LA PENINSULA, UN SANTUARIO NATURAL Y UN PERIODISTA : MEMORIAS

Por: ANTONIO ZELADA E





A Víctor Solar Manzano lo conocí en la década del 60 cuando trabajé en la Municipalidad de Talcahuano (1966 a 1972). A raíz de algunos artículos míos aparecidos en el diario El Sur a él, que era uno de los principales periodistas del diario, le llamó la atención el trasfondo ambientalista casi profundo que había en ellos, por lo cual hicimos buenas migas y después colaboramos mutuamente en muchas acciones en relación con la ecología y el medioambiente. Habiendo yo entrado por concurso público a la Municipalidad porteña y casi recién recibido de arquitecto, Leocán Portus Govinden, el alcalde que creía en la planificación y en los profesionales, me envió por un semestre a la Universidad Católica de Santiago para un curso sobre Desarrollo Urbano Comunal, en el Centro Interdisciplinario de Desarrollo Urbano, el mítico CIDU, después desarticulado por la dictadura. Al retorno al municipio formé el Departamento de Urbanismo y Programación, y con ese Departamento trabajé en varias cosas puntiagudas con los ministerios de Vivienda y Urbanismo y el de Obras Públicas, pero muy especialmente con los biólogos marinos de la Universidad de Concepción, específicamente con Víctor Ariel Gallardo y su equipo, compuesto por varios profesores también ya míticos en la UdeC. En todo eso siempre Víctor Solar Manzano nos apoyó mucho en el diario, entonces de gran circulación, con amplias publicaciones y sin miedo a los temas, nuevos quizás, pero álgidos también, especialmente los relacionados con la contaminación de las aguas de los canales, estuarios y del mar, en lo que entonces nadie, o muy pocos nos fijábamos.

Sobre la Península de Hualpén y el estuario del estero Lenga conversamos muchas veces con Víctor, y era ya un anhelo poder cuidarla y controlarla. Yo la visualizaba muchas tardes desde el aire, ya que estuve haciendo un curso de piloto en el Club Aéreo y practicaba vuelo solitario en la playa de Escuadrón, donde me mandaba mi instructor a practicar aterrizajes y despegues en Lagunillas, vuelos altos o muy bajos, y al retorno me regocijaba volando sobre la península ya que desde el aire es simplemente espectacular.

Víctor Solar era parte de una familia que poseía suelos agrícolas y casas en la zona entre los cerros de San Miguel y Huachipato, un ámbito de verdadero parque natural y con vistas espectaculares a Hualpén y a las tetas del BioBío; terrenos que después fueron comprados por la Corfo para hacer los parques industriales de la Enap y las petroquímicas, así como todos los predios donde se instalaron lo que Huachipato llamaba Industrias Anexas, como las plantas que aún están allí, como Maestranza Cerrillos, Edwards y Cerutti y otros.

Después del golpe de la dictadura militar Víctor Solar se fue a Santiago, e impulsado por la ecología y el amor a la naturaleza en sus añorados territorios pencopolitanos, solicitó y trabajó por la creación del Santuario de la Naturaleza Península de Hualpén y del Estuario Lenga, con un éxito final casi increíble visto desde acá, aunque igual le costó dos años llegar a obtener el Decreto oficial (junio de1974 a julio del 1976). El ya no está en este mundo, murió a edad temprana. Pero aquí nunca se le ha reconocido como el verdadero gestor e impulsor de esta idea que ahora defendemos sin transar. Las muchas veces que así he podido destacarlo en conversatorios o publicaciones no me han creído que así fue, en una labor casi solitaria, mérito y éxito de Víctor Solar Manzano.

En estos recientes días ha llegado a mis manos, gracias a un férreo ambientalista como Bruno Betanzo, la copia de la solicitud original de Víctor Solar al Consejo Nacional de Monumentos Nacionales, que es de julio de 1974. Como uno lo lee, en su fundamentación parte consolidando una primigenia solicitud del Consejero don Jorge de Allendesalazar, apoyado además en cartas de respaldo del Alcalde de Talcahuano y del Director de Urbanismo y Programación de la Municipalidad de Talcahuano (1), más cartas adicionales de los Directores de los Institutos Central de Biología de la Universidad de Concepción y de Oceanología de la Universidad de Chile. Agrega en su fundamentación la puntualización de cinco sólidos antecedentes técnicos y jurídicos, comprendiendo el quinto entre sus acápites lo que aquí se reseña: “tanto el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo en su Plano Intercomunal de Uso de Suelo (1962), como la Municipalidad de Talcahuano, a través de su Departamento de Urbanismo y Programación, han considerado siempre en sus programas como una sola unidad forestal y de recreación el territorio que se pide declarar “Santuario de la Naturaleza”, lo que implica propósitos evidentes de conservación de la naturaleza, saneamiento ambiental y esparcimiento del vecindario”.

Así, tenemos aquí y ahora el documento histórico, simple, claro y concreto que convenció al siempre difícil Consejo de Monumentos Nacionales para estatuir oficialmente la Península de Hualpén y el Estuario Humedal de Lenga como un Santuario de la Naturaleza, el único que tenemos en esta Región del BioBío, e inmerso ni más ni menos en lo que es nuestro Gran Concepción, territorio urbano: casi insólito. Una joya que debemos saber apreciar, y agradecerle a Víctor Solar Manzano, periodista local de alcurnia, la difícil gestión para llegar a consolidarla, hace ya 45 años.


1) Hasta el año 2004 (marzo) la Península de Hualpén era parte de territorio de la Comuna de Talcahuano.

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